EDUCACIÓN Y EXPERIENCIA ARTÍSTICA. ENTREVISTA A GLÒRIA JOVÉ

Luisa Pillacela Chin
José Luis Crespo Fajardo

U.E. Rotary Club (Ecuador) y Universidad de Cuenca (Ecuador)


Resumen:
Arte y Sociedad tuvo el privilegio de entrevistar a Glòria Jové Monclús, en el contexto de la 13 a Bienal Internacional de Cuenca (Ecuador) donde actuó como mediadora e instructora en el programa educativo. Dialogamos con Glòria sobre aquellos proyectos creativos con los que ha experimentado en los últimos años como formadora de maestros en la Universitat de Lleida (España).

Palabras clave: Arte, exposiciones, educación, experiencias, pedagogía.

Abstract:
Art and Society had the privilege of interviewing Glòria Jové Monclús, in the context of the 13 biennial international of Cuenca (Ecuador) where she acted as mediator and instructor in the educational program. We talked with her about those creative projects with which it has experienced in recent years as trainer of teachers at the University of Lleida (Spain).

Keywods: Art, exhibitions, education, experiences, pedagogy.

* * * * *

Buenos tardes Gloria. Ante todo, muchas gracias por concedernos esta entrevista. Queríamos comenzar por preguntarte sobre el proyecto Zona Baixa que desarrollas en la Facultad de Educación de la Universidad de Lleida. ¿Cómo has conseguido involucrar a artistas tan populares como Rogelio López Cuenca para que acudan a enseñar su proceso creativo?

Todo esto tiene una historia, y se origina a raíz de que abriera el centro de arte La Panera en la ciudad de Lleida, en el 2003. Nosotros, en la Facultad de Educación, empezamos a trabajar con ellos un par de años después, y en el 2009 creamos el proyecto “Zona Baixa”, que es un poco underground, fuera de lo oficialmente permitido, debido sobre todo a que nuestra Facultad está hecha por el gran arquitecto Álvaro Siza, premio Pritzker, y lo que sucede es que a veces estas arquitecturas se transforman en cubos blancos donde no se puede intervenir, a no ser con los muebles o estructuras, siempre con el permiso del arquitecto. Por esta razón, en la Facultad de Educacion hemos tenido muchas dificultades en poder intervenir, y lo que hemos hecho es reutilizar un pasillo de bajada que se dirige hacia el espacio donde se hace educación física y música, y allí creamos el proyecto.

La idea de Zona Baixa se basa en que, desde La Panera, cuando había una exposición temporal, una de las obras hacía una extensión hacia nuestra Facultad. Queríamos que nuestros estudiantes vivieran la cultura en primera línea, y por tanto trajimos a la Facultad lo que sería una concepción real del arte; pero la idea no sólo ha funcionado como sala expositiva, sino que ha sido como un laboratorio de experimentación.

Así es que cada cuatrimestre había una intervención y venia el artista o comisario de la exposición desde La Panera, y se conformaba asi un trabajo en red, ya que repartíamos costos conjuntamente. Los artistas ya venian por la exposición, y aprovechando la ocasión se acercaban a la Facultad y pasaban un dia con nuestros alumnos. Han venido comisarios porque también nos interesa el papel de la curatoría, ya que el maestro es en realidad un curador, alguien que decide qué narraciones crea en un contexto de aprendizaje. Desde 2009 a la actualidad, cada año han pasado dos aristas a trabajar con nosotros. Lo interesante es que le pedimos al artista que comparta su proceso creativo, y le preguntamos qué problemas quiere solucionar cuando hace lo que hace. Los procesos creativos no tendrían que estar tan alejados de los procesos educativos, y como dice Luis Camnitzer, toda educación que no es creativa es una mala educación, y la creación que no es educativa es una mala creación.

¿Siendo una Facultad de Educación, por qué se han adentrado tanto en el arte?

Me gusta que me hagas esta pregunta porque yo llevo veinticinco años en formación de maestros y en la escuela. Y en educación todo el mundo dice que hace falta cambiar, pero cuestan mucho los cambios. Sobre todo, cuesta no hacer las cosas puntuales, y que los cambios sean realmente significativos y que ayuden a mejorar las formas de vida y de aprendizaje de nuestros alumnos.

Así pues, siempre nos preocupábamos de cómo el maestro lograría esta capacidad de educar en aulas heterogéneas, que son las del siglo XXI; cómo sería capaz de crear condiciones para que todos aprendieran, y todo lo hacíamos con textos y contextos psicopedagógicos, que son parte de mi formación. Entonces, en 2003, abrió el centro de arte La Panera y empezamos nuestra relación, pero no generando directamente materiales educativos, sino que cuando los niños iban a ver las exposiciones de arte, nosotros registrábamos qué es lo que decían frente al arte contemporáneo para poder analizar la mediación museológica que se hacía y la relación con el arte contemporáneo. En ese momento no era consciente de que, en realidad, aprendí y reentré en el arte contemporáneo a partir de la voz de los niños y de su mirada. Fue muy interesante porque me dio una relación con el arte muy poco académica, muy libre y espontánea.

La semana pasada, precisamente, una maestra me preguntó: “Gloria, ¿esto no es educación artística?” Y yo le dije: “No, esto es educación. Pero lo puedo hacer porque trabajo con el arte. Si no, no lo haría”.

¿Qué reacción tienen los estudiantes con respecto al arte contemporáneo, que a veces es tan raro e incomprensible? ¿Lo ven como algo de lo que se puede sacar una lección pedagógica?

Evidentemente, la metodología que utilizamos, como nosotros la relacionamos con el arte contemporáneo desde una situación que nos habla del hoy y del ahora, promueve que los estudiantes vean el arte de hoy y del ahora, del siglo XXI. Por tanto, ellos no tienen problemas en cuanto a relación conceptual, porque los profesores también les hemos enseñado a leerlo. El problema de mis estudiantes está en que este tipo de metodología te hace tomar consciencia de ti mismo y de cómo te posicionas en el mundo. Nosotros tratamos de producir profesionales expertos, personas que sean reflexivas, creativas y críticas. Tenemos estudiantes de veinte años, en tanto los niveles de madurez son demasiado exigentes, lo que implica que sientan la incomodidad del arte contemporáneo, el cual te interpela y te pone en la realidad. Tenemos estudiantes a los que aún les toca madurar, y por otra parte tenemos un problema, que es la evaluación, donde, como tenemos que evaluar, este tipo de metodologías tan innovadoras chocan con los modelos que conocen. Y entonces se preguntan, “Ay, ¿qué entrará para la evaluación?” Y no se dan cuenta de que lo que nosotros les proponemos es un cambio de mirada, de situación hacia el aprendizaje. Ellos ya no tienen que hacer las cosas porque el maestro lo manda: tienen que hacer las cosas para su crecimiento, para su proyecto de vida... Y esto es cambiar totalmente la mirada de la educación. Esta mirada la tenemos que cambiar en formación de maestros porque si no es ahora, cuando lleguen a la escuela como docentes van a volver a repetir los mismos modelos y van a volver a crear condiciones para que los estudiantes hagan cosas para ellos, sólo porque mandan ellos.

Aquí hay un problema, pues nuestra metodología les hace salir de su zona de confort, les desequilibra, rompe modelos, y el aprendizaje genera momentos de inseguridad, de inquietud, pues nunca es cómodo que poner en tela de juicio los esquemas mentales. Así pues, nosotros tenemos la experiencia de que los estudiantes valoran mucho más esta metodología porque sienten que la están viviendo, y nuestro reto es que la vivan desde lo positivo, no como algo normativo. A pesar de todo, es una metodología que te exige mucho como persona, y hay muchos estudiantes que prefieren decir: “Dame el power point y me lo copio”, o “Me das los apuntes y a ver qué te tengo que decir en los exámenes.” Sin embargo, nuestra metodología busca precisamente cambiar todos esos procesos.

En relación a tu metodología docente, nos dimos cuenta de que se fundaba mucho en salir del aula, e incluso se relacionaba con la deriva situacionista, con toda la teoría de Guy Debord, a través de intervenciones en la Facultad, buscando aquellos lugares donde no hay nada para darles un nuevo significado... ¿Qué nos puedes comentar sobre estas iniciativas pedagógicas? ¿Ha sido invención de ustedes?

No, que va. Nosotros comenzamos a trabajar con esta metodología y llegó un momento que los propios estudiantes nos evidenciaron una contradicción. Era una metodología que apostaba por la inter y transdisciplinariedad, pero los profesores universitarios aun trabajamos separadamente. Entonces empezamos a trabajar con el profesor de geografía, Quim Bonastra. Al juntarnos con él, el crecimiento ha sido mucho más exponencial porque las disciplinas, cuando se unen, generan un espacio híbrido nuevo, muy rico. Lo que aportó el profesor Quim en esta metodología fue la importancia de la mirada al territorio, y esto es muy importante porque esa mirada desde la pedagogía ya la hacíamos (la importancia del contexto, etc.), pero se intensificó mucho más. Así pues, reconocimos que uno de los referentes importantes para todo el tema de ciudad como espacio de aprendizaje eran las teorías situacionistas. Quim y yo, en estos últimos años, nos hemos dado cuenta que estamos desarrollando una metodología plenamente situacionista, y esta idea coincide con la filosofía del arte de Nicolas Bourriaud, que habla de que los situacionistas se tendrían que releer desde las perspectivas educativas del siglo XXI. En este momento, en esta metodología estamos implicados el profesor de ciencias, el de sociales, el de geografía, el de historia, las profesoras de didáctica de las ciencias sociales y yo… Toda esta interdisciplinariedad hace que estemos releyendo las teorías situacionistas ahora, en el siglo XXI. Y en eso estamos.

Nosotros utilizamos mucho la deriva por la ciudad como una de las metodologías situacionistas, y en la deriva con los maestros nos va muy bien, porque, por ejemplo, el año pasado empezamos el curso y se subieron al bus turístico, donde cartografiaron el espacio que la ciudad les enseñaba. Iban con itinerario, y entonces, cuando hicimos esto, pasamos a que hicieran una deriva, y allí se dieron cuenta de que el bus les enseña lo que la ciudad quiere enseñar. En cambio, con la deriva se perdían por espacios por los que no habían pasado nunca. Nos va muy bien metafóricamente. ¿Tú como profesor lo tienes que tener todo planificado? ¿Vas a hacer como el bus turístico y sólo le vas a enseñar al niño lo que tú quieras?

En Santa Ana de los Ríos de Cuenca, Ecuador
Noviembre de 2016

Para saber más:

Diversidad y cohesión social: Una reflexión sociocrítica de la enseñanza secundaria obligatoria.
Gloria Jové Monclús, Miguel Ángel Santos Guerra.
Lleida: Milenio, 2007.

La diversitat cultural a l'escola: la investigació-acció per a la millora profesional.
Gloria Jové Monclús.
Universitat de Lleida, 1996. 

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